Dolor de espalda: qué es, por qué aparece y cuáles son sus síntomas
Las causas más comunes del dolor de espalda, los tipos que existen y qué factores ayudan en su manejo día a día.

El dolor de espalda es uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y traumatología. Puede aparecer de forma puntual, tras un esfuerzo o una mala postura, o convertirse en un problema persistente que afecta al día a día. Entender sus causas es el primer paso para abordarlo correctamente.
¿Qué tipos de dolor de espalda existen?
No todo dolor de espalda es igual. Los profesionales suelen diferenciar principalmente entre:
- Dolor agudo: aparece de forma repentina, normalmente asociado a un esfuerzo, un mal gesto o una lesión puntual. Suele mejorar en pocas semanas.
- Dolor crónico: se mantiene más de 3 meses. Puede tener un origen mecánico (postural, muscular) o estar relacionado con procesos degenerativos como la artrosis.
- Dolor neuropático: ocurre cuando hay afectación de un nervio (por ejemplo, en una ciática) y suele notarse como un dolor irradiado hacia la pierna, junto con hormigueo o pérdida de sensibilidad.
Causas más comunes
- Malas posturas mantenidas (trabajo de oficina, uso prolongado del móvil)
- Sobrecarga muscular por esfuerzo físico o sedentarismo
- Procesos degenerativos como la artrosis o la discopatía
- Hernias discales
- Estrés, que puede aumentar la tensión muscular en la zona
¿Cuándo consultar a un profesional?
Aunque el dolor leve y puntual suele resolverse con reposo relativo y cuidado postural, conviene acudir a un profesional sanitario si:
- El dolor persiste más de unas semanas
- Se irradia hacia las piernas o los brazos
- Aparece hormigueo, pérdida de fuerza o de sensibilidad
- Interfiere de forma importante con el sueño o las actividades diarias
Un diagnóstico adecuado por parte de un médico, fisioterapeuta u otro profesional es clave para identificar la causa concreta y establecer el abordaje más adecuado en cada caso.
Si quieres saber más, puedes leer también qué es el dolor persistente y en qué se diferencian la ciática y la lumbalgia.
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si tienes dudas, consulta con tu médico, fisioterapeuta o farmacéutico.


